viernes, 8 de noviembre de 2024

SONATA DE OTOÑO



Llegó el otoño, tardó un poco, pero por fin llegó. Las ansiadas lluvias que han sembrado de muerte y desolación otros mapas, han dejado aquí un espectáculo de color.
Cuando llega la lluvia el campo retoñece y esos colores parduzcos que transmiten sequedad, se tornan verdes, verdes con los que contrastan los amarillos, ocres, naranjas y rojos de la arboleda.

Tenemos mucha suerte en Navacepeda, un extenso robledal circunda al caserío por toda la laera, el roble aguanta la hoja hasta bien entrado el invierno y va hasta entonces cambiando poco a poco de color. Entre los robles algún guindo silvestre sobresale con su rojo intenso.

Cuenta también nuestro pueblo con una, bueno mejor dicho, dos riberas que se ponen espectaculares, sauces sobre todo, pero otras muchas especies como fresnos, alisos y abedules nos ofrecen una preciosa gama de amarillos.
 Son especialmente vistosos los chopos,  esos chopos tan altos que parece que van buscando el cielo. Al  caer la tarde los rayos del sol encienden, si cabe aún más, la arboleda y los brillos y reflejos crean una atmósfera mágica.
 

 El mejor lugar para dejarte deslumbrar por la belleza de las choperas es el camino del río, eras abajo, las pozas, las caceras, la puente, esos intensos brillos dorados se recortan frente el azul del cielo.... ¡mucho mejor verlo!
La especie que no podemos dejar de admirar es el serbal, nuestros entrañables geriondos, esos despliegan toda una paleta de marrones, naranjas y rojos.
 
 Sus frutos, esos pequeños racimos de bolas son, además de vistosos, un festín para algunas especies de aves.
Hay otros muchos frutos en el bosque, las moras ya están pasadas, que son las primeras en salir  cuando llega septiembre, ahora, los escaramujos, el fruto del majuelo y por supuesto las tan deseadas setas.
Setas, boletus y níscalos son esperados por sus aficionados recolectores con verdadera ansiedad. Y es que la emoción que sientes cuando ves asomar el boleto bajo la pinocha, es difícil de explicar.


Pasear por este bosque otoñal es una delicia para los sentidos, además de la belleza de sus colores escuchas el murmullo del agua, que corre con ganas, el piar de los pájaros e incluso a veces el viento, ese viento del sur que anuncia la lluvia, a mí  me encanta escucharlo ulular entre las ramas. 
¿Y el olor?, los bosques huelen a húmedo y a la acidez de la hoja caída, es tremendamente evocador; si paseas sola ese batiburrillo de sensaciones te sumen en una atmósfera de ensueño que calma tu espíritu, tan necesitado de sosiego en estos tiempos tan difíciles. 
¿ Y la riada? lo primero que te atrae es el sonido del agua, después te acercas y te podrías quedar horas observando su lento fluir, el verde esmeralda de Barbellido no lo verás en ningún otro lugar, los espejos en que se convierten sus remansos reflejando sus riberas son inspiración para los que tienen el arte en sus pinceles o cámaras. Te da pena irte y que se rompa el embrujo ☺️.


Esta estación nos trae también los días cortos, que según para quién son deprimentes, no es mi caso afortunadamente, yo recuerdo que mi madre me decía: "A mí no me importan estas so' nochás, ¡Con lo bien que se está en casa!", y es que es verdad, si tienes un fuego, o una mesa camilla y alguien con quién compartir un café, no hay nada más entrañable que dejar pasar tranquilamente las horas.
Y si estás sola te coges tu libro, o tus fotos y recuerdos, o la labor como hacían mis queridas madre y abuela y dejas simplemente pasar el tiempo.

La otoñada nos gusta, nos envuelve en su magia, nos da paz, nos parece la estación más bonita del año, nos para, nos tranquiliza, disfrutemos de él, nosotros que podemos, que tenemos dos cosas que no todos tienen: tiempo y el paraíso a nuestro alrededor.


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