miércoles, 23 de agosto de 2023

LA PLAZA VIEJA

A propósito de la publicación de una foto de la Plaza Vieja, con la gente bailando y los músicos en el balcón, vuelven a la mente los recuerdos de aquellas primeras fiestas, las de la infancia y adolescencia. No sé cuando se trasladó el baile al camino nuevo, donde está ahora el Ayuntamiento, pero debía tener yo diecisiete o dieciocho años. Allá por 1980.
Hasta entonces bailabamos en la Plaza Vieja, creo que así debería llamarse la actual de España y entonces del Caudillo, que parecía hasta grande.
Estaba sin asfaltar y ponían dos tablones uno en la calle mayor y otro en el callejón que baja para casa de tío Mateo (ahora calle de Ernest Miller Hemingway😉) y a continuación rellenaban con unos carros de tierra, con objeto de agrandarla. Aún recuerdo a tía María Eusebia regando para que no se levantara polvo. La fuente que hay en la esquina, entonces manaba siempre, refrescaba el ambiente.
Una vez puesto el mayo y colgados los banderines quedaba preparada para el bailoteo.
Enseguida llegaba Durí-Durí, el dulcero, con su chiringuito, y los niños acudíamos, como moscas a la miel, a comprarnos cosas maravillosas. En mi primera infancia la cámara de fotos verde de la que salía el gato, y los relojes de patata eran mis favoritos.
Estos últimos los comprábamos antes de hacer la primera comunión, porque para esa ocasión te regalaban tu primer reloj de verdad. Había también unos cucuruchos de caramelo rojo rodeados de galleta que estaban muy buenos. Y los flahs de casa de tía Aurora tenían mucho éxito a pesar de ser únicamente un poco de hielo teñido de colores, naranja, limón, fresa, ummm 😋, así como las bolsas de aceitunas de las que nos bebíamos hasta el caldo.
Después empezaba el baile, a eso de las 21 ó 22 horas. Como la Cenicienta a las 24 se acababa el primer baile, te ibas a casa a cenar y como eras niñ@, tú ya no volvías. Lo que marcaba el paso de la infancia a la adolescencia era el hecho de que te dejaran ir al segundo baile, que solía pasar entre los 12 ó los 14 años, dependiendo de lo espabilada que fueras y de lo moderna que fuera tu madre (la mía lo era mucho para aquella época😉). 
Durante el descanso, todo el mundo a cenar, y era costumbre llevarte a amigos o primos de otros pueblos (que brasa le metíamos a las madres😊). Y bien digo, no es una frase machista, es la realidad de los años 70, en mi casa mi padre si acudía por casa a la hora de la cena era también con algún amigo o amigote😉 a zampar, que no a ayudar.
Yo soy ya de la época de las orquestas, sólo recuerdo que un año vino tio Marcelo con la gaitilla y los más jóvenes además de protestar mucho, no asomamos por la plaza.
Por aquella época los músicos dejaron de tocar en el balcón de tía Aurora y se bajaron abajo. Supongo que  el batería  que se tenía que quedar dentro, en el pasillo, se aburriría.
Todos recordamos ese momento mágico en el que empezaba a sonar la música y tú ibas calle abajo más content@ que unas pascuas, ... El "black is black", lo más de lo más, modernísimo para finales de los setenta. Dios!!! Ya no quiero recordar más por esta noche, que me da mal rollo.😉😊

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