Foto que cogí prestada de Facebook
Es veinte de enero, día de San Sebastián, sin lugar a dudas la fiesta más entrañable de Navacepeda, guarda un sabor muy auténtico, y a pesar de que estuvo a punto de desaparecer durante los años más duros de la emigración, en los setenta, ochenta e incluso noventa, si caía entre semana aquí no venía ni el Tato (el padre de la Tata😁😉) y tampoco había mucha gente que tuviera por costumbre venir al pueblo más allá de la Semana Santa y el mes de permiso, como se decía entonces y que eran julio o agosto.
Sea como fuere, la fiesta se mantuvo, y sigue año tras año alegrando la cuesta de enero a los lugareños.
Cierto es, que aunque parece que la mayor parte de las fiestas mayores son en verano, San Juan, San Pedro, Santiago, La Virgen de agosto y Vírgenes y Cristos de septiembre, pues como os decía suele haber en casi todos los pueblos otra función en invierno, los protagonistas suelen ser en este caso mártires o santos con un poco menos de entidad, como es el caso del que creo recordar fue un legionario romano como nuestro Sanse, o los vecinos Blas o Apolonia.
Suele ser también habitual, que estos santos menores, tienen o tuvieron unas ermitas, también llamadas martirios en los caminos por los cuales se salía de los pueblos. Hemos oído siempre que en el paraje llamado los mártires hubo en tiempos pasados una ermita que ya ninguno de nosotros hemos conocido, pero lo que sí recordamos es el crucero que ahora está en el cementerio de la iglesia y que cuando éramos niños estaba allí. El lugar es la salida del pueblo, por la eras, camino de Navalperal, por si queréis algún día ir por allí a excavar 🤔😉.
A los que me acompañaron en la visita por Madrid, les recuerdo que en el lugar donde terminaba entonces Madrid, es decir, arriba de la calle Atocha, estuvo en tiempos la ermita, ahora parroquia, también de San Sebastián.
Y aunque me voy a desviar un poco del tema, voy a aprovechar para relacionar esas ermitas con los cruceros que hay a la salida de muchos de los pueblos gallegos.
Como ya expliqué en alguna otra ocasión esta costumbre cristiana, debió superponerse a otras prácticas precristrianas, en las cuales se marcaría de alguna forma el espacio seguro, conocido, humanizado y protegido por dioses u otros seres del más allá, de ese otro espacio desconocido, peligroso, habitado por bandidos y toda clase de seres del más acá y más allá amenazantes, que llenaban de miedos o incertidumbres al viajero.
Por tanto en estos espacios de culto se rogaba que todo fuera bien cuando alguien se marchaba, o se daban gracias por llegar a lugar seguro cuando se llegaba a pueblo o villa.
Dicho todo esto volvemos a la fiesta tal y como la hemos conocido y dejamos de desvariar.
Nada más pasar San Sebas, se echaban mayordomos para el año siguiente, que creo que en tiempos de nuestras abuelas debían encender la lámpara o hachón que iluminaba al santo todo el año.
Los mayordomos se nombraban según el libro de registro de matrimonios por orden de antigüedad, cuando aún no había comenzado la emigración de los cincuenta del siglo pasado, se solía ser mayordomo cuando tenían el hijo mayor ya en la mili, según los casos, claro. Yo tenía unos veintitantos cuando mis padres lo fueron.
Pero como a los madrileños no les apeteció mucho, en general, venir a cumplir con la costumbre, a mi prima Macarena y a mí que sí lo hicimos, nos tocó pocos años después de habernos casado. He de decir que me alegré muchísimo de haber cumplido con la tradición, sobre todo por la satisfacción que dimos a mi madre y a mi tía.
Creo también haber oído que en los tiempos de nuestros abuelos, eran los mayordomos quienes pagaban el baile, y que por tanto no siempre lo había, se tenía que dar el caso que los elegidos ese año tuvieran caudales.
Es que algo parece que me contaron de haber ido a buscar a los músicos, a no recuerdo donde, con un nevazo.
Tampoco debió haber un local para montar la fiesta hasta que se construyeron las casas de los maestros, el Ayuntamiento viejo y el salón, y eso debió suceder por los cincuenta.
La cuestión es que, estamos hablando de enero, debieron bailar por ahí en corrales y casillas, recuerdo también que mi madre me contaba que donde cerraba tío Santiago las ovejas hicieron alguna vez el baile, y que entraba la nieve entre las tejas mientras danzaban al ritmo de la dulzaina, menuda nochecita haría... pero cuando uno es joven, ya pueden venir ventiscas. Perpe dice que también en los portalones del zapatero bailaron, la orquesta desde luego entraba en cualquier recinto en aquellos tiempos.
Volviendo a los mayordomos, lo que sí habían de hacer era poner el santo y decorar la iglesia. Pero nunca hubo ni hay problema, porque se cuenta con el asesoramiento y ayuda de las mujeres del pueblo. Y creo que sabéis que es tradición untar al santo con aguardiente (que creo que en realidad es malísimo para la talla) y después pasarse el pañuelo por el cuello, ya que el santo protege de catarros y gripes, y tengo entendido que también de coronavirus😉🙃...
Llegado el día los mayordomos, sentados en el primer banco y bien aviados presiden la misa, yo lo hice tan bien que incluso subí a leer la epístola (hasta el día de hoy aún mis hermanos no han salido de su asombro).
Se saca al santo en procesión, sólo por detrás de la torre y algunos años con unos hielos que ...¡madre mía!
También era preceptivo que los mayordomos llevaran cuatro mozos solteros para sacar al santo, dos por pareja. Mis hermanos hicieron las funciones cuando mis padres y cuando yo. Tenía alguna foto de los dos momentos 😁, aunque no son muy buenas.
De los últimos mayordomos que ha habido fueron Fernando y Soraya, no recuerdo qué mozos lo sacarían por ellos😉.
A continuación lo más típico, la rifa del roscón, también era encargado por los mayordomos y la cuantía obtenida iba para pagar la misa, después el comprador solía compartirle con familia o amigos.
La última cosa que voy a contar, en cuanto a costumbres, es que era tradición dar una comilona a la familia. Nosotras tuvimos la suerte de que hizo un día luminoso (claro, no me extraña, el santo lo quiso así🙂😉) y montamos las mesas en el garaje de mi tío Rai. ¡Lo pasamos genial!
Por la noche el baile, en los tiempos históricos, es decir desde que yo recuerdo, fue siempre en el salón del Ayuntamiento viejo, durante mi juventud sonaban los acordes del Padre Mena y de Pinos Boys, tocando el "Bésame mucho" y "Marina, Marina, Marina, contigo me quiero casar"🎶🎶🎶🎶🎵, canciones que ya eran de otras décadas pero que nos valían para desbarrar un rato.
Lo malo que como no había barra de bar había que ir a tomar el cubata a casa de Tía Aurora, pasando a oscuras por los chapiteles (aquí la palabra significa barrizal) que se preparaban por el trigalón🥴. Creo que de eso nos acordamos todos.
Bueno lo dejo por hoy, me vais recordando cosas y lo cuento al año que viene.
Otra cosa, invitar desde aquí a ser mayordomos/as... ahora ya da igual el estado civil, que se sea pareja o no, si un@ se casó o no, el lugar de la ceremonia... el caso es participar😉.
Ésta (aunque no lo parezca), soy yo mientras Andrés y mi padre rifaban el roscón cuando fueron ellos mayordomos.
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