martes, 27 de septiembre de 2022

LAS MASCARADAS

Leo en el Diario de Ávila que hubo el pasado finde, en Navalacruz, una fiesta de Mascaradas. ¿Y éso qué es? Pues parece ser que algunos pueblos de la Provincia que no habían perdido del todo, o que han recuperado sus tradiciones de bailes o desfiles de máscaras o disfraces, se reunen una vez al año para mostrar esas costumbres ancestrales y que no se pierdan.
Pedro Bernardo, Navalosa, Navalacruz, etc.
Y quien me lo cuenta no sabe que Navacepeda tenía también como estos pueblos, sus fiestas para correr vaquillas.
Yo no he llegado a verlo, hablo por boca de mi madre. Cuando ella tenía doce o trece años, el martes de carnaval,  después de comer, salían corriendo las vaquillas a atropellar a quien se pusiera por delante.
Las vaquillas eran mozos disfrazados, que se ponían unos enormes cuernos de vaca y se cubrían el cuerpo con un manteo. Así, de esta guisa, corrían tras la gente, sobre todo si eran mozas y guapas, que huían despavoridas.
La mala baba del régimen franquista hizo que se les ocurriera la genialidad de prohibir los carnavales, para, como bien es sabido, preservar la moralidad de la gente.
En algunos lugares de España se siguieron celebrando, llamándoles Fiestas de invierno. En otros lugares, como Navacepeda, pervivió la tradición como Fiestas de quintos.
Pero ¿porqué se perdieron las vaquillas?, pues bien, una vez prohibido el carnaval, aquí, los guardianes de la moralidad, el cura, Don Agustín y la maestra, Doña Petra, se pusieron manos a la obra.
Y contaba mi madre que la maestra no les dejaba salir de la escuela para ver correr las vaquillas y que el último año que se hizo, el cura tuvo la genial idea de llamar a la guardía civil. Que cuando llegó la benemérita la vaquilla tiró los cuernos y salió corriendo a esconderse a una buharda para que no le pescaran y le llevaran detenido.
Parece ser que preguntaron, pero nadie sabía quien iba dentro de la vaquilla, y también parece que les abuchearon, pero la cuestión es que el siguiente carnaval ya nadie se atrevió a vestirse de vaquilla.
Mi madre me contaba, que para no perder la tradición, dentro de algún corral, algún padre de familia debió disfrazarse y correr de puertas a dentro tras hijos y sobrinos.
Maco me dice que siendo él pequeño, lo cual quiere decir que nos hemos plantado en los setenta, también hubo alguna vaquilla corriendo tras los muchachos el martes de carnaval.
Fueron sin duda los últimos coletazos de una tradición milenaria en nuestro pueblo.
Si se quisiera recuperar  algún viejete nos podría dar detalles, seguro...


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