El día siguiente de la fiesta de agosto es si preguntamos en Navacepeda el día más triste del año.
Las lágrimas se le escapan a muchos jóvenes, a los que se quedan y a los que se van, y no es para menos, después del marchongo de las fiestas hay que retomar la vida.
Cuando yo era adolescente, allá por los setenta, era aún peor, el pueblo se quedaba vacío, aunque no tanto como ahora, pero entonces los que se iban a los madriles no volvían hasta Navidades o incluso hasta Semana Santa o al verano siguiente.
Hoy comentándolo Bea me recordaba que siendo niñas íbamos a despedir a la gente al coche de Madrid, ¡Qué duro!
María Jesús me decía que para ella sigue siendo un día muy triste hasta el día de hoy, que los días tienen ya una luz diferente, que no son tan luminosos como en verano.
Las calles se vacían de coches, las casas se cierran y comienza el desfile.
Yo que de naturaleza soy optimista, enseguida me dí cuenta que septiembre tenía también su encanto, apurando algún día de río, la fiesta de Hoyos y de Collado, nuevos amigos en el insti, en fin, que quién no se consuela es porque no quiere.
Con los años el otoño me ha ido gustando cada vez más, el olor del campo cuando llueve (si es que llega el agua) y su vistosidad, setas, todo tipo de frutos silvestres, moras, majuelos, escaramujos. El festival de color de las arboledas. En fin, todo un lujo para los sentidos.
¿En serio no os apetece verlo? No hay porqué irse y no volver. Aunque refresca porque las noches son más largas, frio, frio no hace, ni mucho menos.
Se está genial aquí, os invito a volver y comprobarlo. En serio, que es mucho lo que os perdéis, algún finde de otoño, o esos puentes/acueducto otoñales, el mejor destino, el pueblo, sin lugar a dudas.😉
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