domingo, 21 de septiembre de 2025

EL PUCHERILLO

Llevo tiempo queriendo plasmar mis recuerdos de tan emblemático bar, me daba pereza escribir. Después de un verano dedicado a la lectura, doy una vuelta a la memoria y me pongo a ello.
Sin comprobar datos, creo que sería por 1970 cuando se inauguró el llamado bar "Sierra de Gredos", no voy a demorarme en la leyenda que le ha dado el nombre alternativo de "Pucherillo" ya que todos la conocemos sobradamente, esta vez vamos a desempolvar otros recuerdos. 
Poneos en contexto,  porque ahora la gente opina que la construcción en sí es un mamotreto, demasiado grande y discordante con el resto de edificaciones del pueblo.


 Pensad, como os decía, lo que nos debió parecer a los navacepedeños de entonces un edificio de apartamentos nuevos, como las casas de Madrid, signo de modernidad y de que el progreso por fin llegaba a nuestro pueblo.
 
Había por aquel entonces un buen  puñado de casas viejas, algunas con fachadas de piedra, con sillares regulares en los esquinazos las mejor dotadas, pero muchas de ellas de mampostería sin argamasa o incluso de adobes.  Las casillas de piedra basta, sin tallar y con su correspondiente muladar a la puerta, en fin... aún podéis verlas casi todas ya en estado de ruina, ojalá finalmente se conservasen, aunque tendría que ocurrir que sus actuales propietarios comenzaran a valorar su originalidad. Teníamos también las calles sin asfaltar, verdaderos barrizales cuando llovía y  ni os cuento cuando nevaba, ¡vaya esbaruzaderos! Relato todo esto para que penséis que en aquel momento un edificio como el Puchero debió parecernos espectacular, algo así como el paso de blanco y negro de nuestra infancia al color de nuestra juventud:


Lo primero que acude a mis recuerdos es el hecho de que yo estuve en la inauguración, me subieron mi padre y mi madre, después de dejar a Gaby que era muy pequeño con mi abuela (esto me lo acabo de inventar). El bar era enorme, luminoso, todo nuevo, nada que ver con las tres tabernas que había entonces en Navacepeda. Nos invitaron a lo que quisiéramos, me dieron un zumo y mi madre me dijo que había bollos, que si quería un suizo, pero yo no sabía qué era eso.
Debía andar por los 6 años y no recuerdo nada más hasta la adolescencia. 
 
Con once o doce años merodeábamos por allí fuera en verano, pasábamos horas en la barandilla, que estaba pintada de blanco y verde, y desde ahí escuchábamos las canciones de la máquina de discos, azul por más señas, y veíamos entrar a los jóvenes, tan guapos, con sus pantalones de campana, nikis ajustados con cuellos enormes de pico o pato, zapatos con plataforma y el jersey sobre los hombros porque luego refrescaba mucho; me encantaban sus melenas tan características,  los chicos habían empezado a dejársela a primeros de  los setenta y eso sí que era otro signo de modernidad.
Sonaba "Europa" de Santana casi en bucle, "Corazón gitano" de Nícola di Bari, "I love to love" de Tina Charles, "Te estoy amando locamente" de las Grecas, quizás me recordaréis más temazos vosotros...
No duró mucho esa máquina de discos, con el tiempo tendríamos billar, máquina de petacos, de marcianos y el incombustible futbolín que permanece impasible al paso del tiempo.
 
La casa de tía Brígida y tío Claudio estaba sin hacer por dentro, y de vez en cuando había allí baile, yo no entré nunca porque era muy pequeña, seguro que con buenas ganas me quedaría.
Como el invierno aquí era tan duro enseguida, con trece o catorce años comenzamos a entrar dentro mis amigas y yo. Solíamos jugar a las cartas para pasar las tardes de domingo, al chinchón las más de las veces.
Para Navidades llegaban los de Madrid, menos efectivos que en verano y Semana Santa,  pero como somos la generación del baby boom los suficientes para que hubiera un ambientazo. Venía un taxi de Hoyos, era una enorme furgoneta y se llevaba a los mayores a Navarredonda en Nochebuena y Nochevieja y nosotras nos quedábamos con la boca abierta viendo como se iban.
Pronto espabilamos y con catorce años o poco más ya íbamos también de fiesta, tanto en verano a los pueblos como en invierno a la discoteca.
 
El Puchero era el centro de operaciones, allí había que buscar coche para ir, nos sentábamos en la ventana a abordar al que saliera. Yo con el tiempo me fui quedando a esperar a que Quini y Jose cerraran el bar y me iba con ellos. Marchábamos los últimos y solíamos volver también al cierre, pero yo siempre jugaba con la ventaja de que no madrugaba al día siguiente. ¡Nunca tenía prisa! Ahora muchas veces, recordando nuestra juventud , algunas chicas me cuentan que ellas a las diez tenían que estar en casa y yo tengo la sensación de haber vivido en otra época o en otro planeta.

Aventuras y ratos de risas tendría para llenar un libro, algunas no son ni pa' contadas, como se dice aquí en el pueblo. No quiero dejar de recordar que los años que pasaron entre 1978 y 1991 los comencé tomando las uvas en el Puchero. Dejábamos a la familia con tantas y muchos de nosotros esperábamos allí al año nuevo cual Puerta del Sol.
Tampoco he contado que todo el verano alquilaban los apartamentos a familias que venían de Madrid y ya no tenían casa en el pueblo. Con el tiempo se fueron alquilando todo el año y pasaron por  ahí médicos, guardas, grupos de gente que venían los fines de semana, etc. Entre ellos tuvimos buenos amigos 😉.
En alguna ocasión se hizo el baile de San Sebastián, una noche éramos tantos y temblaba tanto el suelo que tuvimos miedo de caer al piso de abajo y acabar entre las vacas.
quién no recuerda al padre Mena tocando "Bésame mucho", bestial... 
 
También era  muy especial el martes de carnaval, había cena intergeneracional, solteros del pueblo entre 15 y taitantos años. Entonces no faltaba nadie, recuerdo entrar a cenar a las 8 o las 9 de la tarde y salir a las tantas con un nevazo hasta las rodillas, por cierto sirvan estas palabras de homenaje al cabrito que guisaba tía Brígida, de diez.
Muchos años después, esto ya me pilló a mi casada, comenzó a celebrarse la famosa fiesta del Puchero en la semana previa a San Juan de agosto, fiesta que ha dado también mucho juego.
El Puchero fue siempre el bar de la juventud, los recuerdos no dejan de salir de los cajones de mi cerebro ☺️, al hilo de los míos saldrán los vuestros. Si me contáis sigo escribiendo...😉



viernes, 17 de enero de 2025

MÁS COSAS DE SANSEBAS

Es una verdadera delicia hablar con Perpe, una vez que la llevas a terreno amable de su juventud te cuenta, y no acaba, todo tipo de historietas de sus años mozos; como además era amiga de mi madre, pues aparece en todas sus aventuras en las que las imaginas pasándoselo bomba con la alegría propia de los años jóvenes.


Le dije que me contara cosas de San Sebastián y tras relatarme de roscones, mayordomos y otros asuntos que ya os he contado en otras ocasiones, se acordó de que cuando eran muchachas, se murió la víspera de la fiesta un hombre que se llamaba tío Quintín y cuando estaban en pleno baile, os recuerdo que entonces se bailaba por la tarde, pues hubo que ir al entierro. Como en la iglesia no se podía entrar sin velo en la cabeza (curioso, las mujeres se cubrían y los hombres se descubrían) pues Perpe, mi madre y sus amigas fueron a casa de tía Lucía a por unos velos, mientras los mozos, entre los que estaban Mana, Longinos y sus amigos se dedicaron a preparar rimas, aguzado el ingenio por el vino. A la entrada del camposanto ellos recitaban y ellas se partían de risa, aún sabiendo que el cura estaba a punto de echarles un rapapolvo:
      Quintín, quintera
      el que guardaba las cabras en la Laera
      Ya se va al otro mundo
      donde Rufina le espera.

Y es que también os digo, cuando éramos jóvenes nos partíamos de la risa en los entierros y velatorios, Macarena y yo recordamos y contamos alguno en el tuvimos que disimular la risa por no ofender a la familia, pero, ¡la guasa que nos habremos traído hasta el día de hoy!. Me consta que era algo propio de la edad y con cualquiera que hablas recuerda algo similar.

Me contó también de cuando había que buscar recinto para el baile. Dice que donde ahora está la consulta del médico eran las escuelas viejas, que las tablas del suelo tenían agujeros y temblaban si Dios tiene qué cuando se lanzaban todos a la pista. Los músicos eran el Padre Mena y otros dos o tres mozos de Hoyos que nos han amenizado sansebastianes a varias generaciones, Mena era un crack. La cuestión es que Perpe se estuvo hasta que se acabó el baile, y cuando llegó a casa estaba su tío Neófito esperándola para ponerla en su sitio, con la educación propia de aquellos años: "La próxima vez, como tenga yo que ir a buscarte, vendrás con un guantazo". No obstante tiene un buen recuerdo de su tío que a pesar de la severidad propia de un militar la trataba con mucha consideración.

Otra de las cosas que hacíamos de muchachas era guasearnos de nuestros mayores, cualquier cosa nos hacía gracia y nos despanzurrábamos de risa. Me contaba Perpe que cuando hicieron el baile en la casilla de tío Santiago, caía la nieve dentro y hacía tanto frío que ella le dijo a sus amigas: "vamos a calentarnos a casa de mi abuela", y es que su abuela Petra vivía allí al lado junto al corral del Pajarillo. "Pregúntale a mi abuela que qué tal está, veréis que risa", le dijo a mi madre. "Pues estoy mucho mejor, he ido al médico y me ha mandao unos depositorios que me han puesto muy bien". Y desde ese día pasaron a la historia los depositorios de tía Petrilla. ¡Cosas de muchachas!

También me contó que el año que hicieron el baile en el portal del zapatero aquello parecía el Belén, ellos bailando, los músicos tocando subidos en un cancho que había a la puerta de la casa, y la yunta y la burra atados allí al lado en el pesebre, ¿Qué pensarían los pobres animales? Corría el año 1963, dato que sabemos porque dice Perpe que ella estaba embarazada, y bailó tanto que la gente la decía: "muchacha que vas a parir esta noche". ¿Cómo no iba a salir Maco bailón?, así es él, bailón y fiestero, como no podía ser de otra manera.

Años después ya de casados, cuando éramos nosotros mozos, cogieron por costumbre subir todos los matrimonios, como ellos decían, a comer al Puchero, lo hacían el día 21 o San Sebastián Chico, y recuerdan momentos gloriosos, lo más probable es que acabaran cantando la vaca lechera y tío Antonio a buen seguro cantara la Zarzamora.

El pasado año ya relaté cuando fui yo mayormona, y hoy voy a escribir de cuando lo fueron mis tíos. El año de Nene y Adela había un nevazo, comimos un montón de gente en su casa, y mira que era pequeña. Creo que Raquel y Mari Luz no estaban que por aquellos años estudiaban en la Laboral de Zaragoza, yo debía tener trece años e iba a la escuela del pueblo. Me acuerdo mucho de la comida y sobremesa, los jóvenes, mis primos de Nene y Benita y los de tío Claudio, comimos arriba, nos montaron una mesa en el pasillo, a mi me estuvieron dando la lata con Jose Mari todo el rato. Eran los años en los que fumar estaba de moda, mis primas le solían dar un cigarro a mi madre, que era más joven y más moderna que sus cuñadas, así si fumaba ella, fumaban las chicas, ¡menuda zorrera se preparaba dentro de las casas! También recuerdo que mi tío Francisco estaba malo, no pudo bajar y le subieron la comida. Los mayores comieron abajo, montaron la mesa en una habitación que tenían a la entrada, el menú no lo recuerdo, pero en las grandes ocasiones no podía faltar el cabrito.

Cuando fueron mayordomos mis tíos Laureano y Benita también estuve, creo que ya estaba en la Universidad y debimos venir Raquel y yo con nuestra amiga Choni. Hacía muchísimo frío y como ya bebíamos algún cubatilla, desde el salón del Ayuntamiento subimos a por el peloti al Parador. Quizás por esos años tocaban Los Pinos Boys, seguía el incombustible Mena, entonces con el Cherif y no sé quién más  y hasta habían añadido rock al repertorio. Llegaron  a tocar maneras de vivir.

Esperemos que los jóvenes se fabriquen también sus bonitos recuerdos, comienza el año con la fiesta de "los santos peloteros", después vendrán las demás. Ay, por cierto, que no me había acordado de contar que así es como llaman al santo nuestros vecinos, al menos los de Hoyos, que siempre se han personado a nuestra fiesta, nevara, helara o cayeran chuzos de punta. Nunca han dejado de pasarse a echarse unos bailes con las chicas de NVCPD hasta anoche, me consta😉. Algunos años hubo verdaderas batallas campales a pelotones. Ya como casi no nieva ha disminuido el peligro, podéis venir tranquilos.
No sabemos si lo de "peloteros" viene de las batallas de pelotones o porque, a pesar del frío, San Sebastián está en pelotas😉
Hasta aquí por este año. Seguiremos informando.

viernes, 8 de noviembre de 2024

SONATA DE OTOÑO



Llegó el otoño, tardó un poco, pero por fin llegó. Las ansiadas lluvias que han sembrado de muerte y desolación otros mapas, han dejado aquí un espectáculo de color.
Cuando llega la lluvia el campo retoñece y esos colores parduzcos que transmiten sequedad, se tornan verdes, verdes con los que contrastan los amarillos, ocres, naranjas y rojos de la arboleda.

Tenemos mucha suerte en Navacepeda, un extenso robledal circunda al caserío por toda la laera, el roble aguanta la hoja hasta bien entrado el invierno y va hasta entonces cambiando poco a poco de color. Entre los robles algún guindo silvestre sobresale con su rojo intenso.

Cuenta también nuestro pueblo con una, bueno mejor dicho, dos riberas que se ponen espectaculares, sauces sobre todo, pero otras muchas especies como fresnos, alisos y abedules nos ofrecen una preciosa gama de amarillos.
 Son especialmente vistosos los chopos,  esos chopos tan altos que parece que van buscando el cielo. Al  caer la tarde los rayos del sol encienden, si cabe aún más, la arboleda y los brillos y reflejos crean una atmósfera mágica.
 

 El mejor lugar para dejarte deslumbrar por la belleza de las choperas es el camino del río, eras abajo, las pozas, las caceras, la puente, esos intensos brillos dorados se recortan frente el azul del cielo.... ¡mucho mejor verlo!
La especie que no podemos dejar de admirar es el serbal, nuestros entrañables geriondos, esos despliegan toda una paleta de marrones, naranjas y rojos.
 
 Sus frutos, esos pequeños racimos de bolas son, además de vistosos, un festín para algunas especies de aves.
Hay otros muchos frutos en el bosque, las moras ya están pasadas, que son las primeras en salir  cuando llega septiembre, ahora, los escaramujos, el fruto del majuelo y por supuesto las tan deseadas setas.
Setas, boletus y níscalos son esperados por sus aficionados recolectores con verdadera ansiedad. Y es que la emoción que sientes cuando ves asomar el boleto bajo la pinocha, es difícil de explicar.


Pasear por este bosque otoñal es una delicia para los sentidos, además de la belleza de sus colores escuchas el murmullo del agua, que corre con ganas, el piar de los pájaros e incluso a veces el viento, ese viento del sur que anuncia la lluvia, a mí  me encanta escucharlo ulular entre las ramas. 
¿Y el olor?, los bosques huelen a húmedo y a la acidez de la hoja caída, es tremendamente evocador; si paseas sola ese batiburrillo de sensaciones te sumen en una atmósfera de ensueño que calma tu espíritu, tan necesitado de sosiego en estos tiempos tan difíciles. 
¿ Y la riada? lo primero que te atrae es el sonido del agua, después te acercas y te podrías quedar horas observando su lento fluir, el verde esmeralda de Barbellido no lo verás en ningún otro lugar, los espejos en que se convierten sus remansos reflejando sus riberas son inspiración para los que tienen el arte en sus pinceles o cámaras. Te da pena irte y que se rompa el embrujo ☺️.


Esta estación nos trae también los días cortos, que según para quién son deprimentes, no es mi caso afortunadamente, yo recuerdo que mi madre me decía: "A mí no me importan estas so' nochás, ¡Con lo bien que se está en casa!", y es que es verdad, si tienes un fuego, o una mesa camilla y alguien con quién compartir un café, no hay nada más entrañable que dejar pasar tranquilamente las horas.
Y si estás sola te coges tu libro, o tus fotos y recuerdos, o la labor como hacían mis queridas madre y abuela y dejas simplemente pasar el tiempo.

La otoñada nos gusta, nos envuelve en su magia, nos da paz, nos parece la estación más bonita del año, nos para, nos tranquiliza, disfrutemos de él, nosotros que podemos, que tenemos dos cosas que no todos tienen: tiempo y el paraíso a nuestro alrededor.


lunes, 13 de noviembre de 2023

LA VIRGEN DE LA ANTIGUA

Me cuentan que de unos años a esta parte a la fiesta de la Virgen de la Antigua, que se viene celebrando desde hace poco más de veinte años por la Virgen de agosto, no acude mucha gente de tal forma que peligra la procesión por falta de jóvenes que puedan llevar las andas. Y cuando ya se pensaba el agosto pasado en llevar a la imagen en algún vehículo mecanizado, se hizo una llamada "in extremis" y parece que hubo una buena  respuesta y se llevó a Nuestra Señora "en volandas".
El problema es el relevo generacional, y los más mayores animan a que la gente de NVCPD colabore, si es posible haciéndose cofrades (10 euros anuales), pues ya faltan muchos de aquellos que se afiliaron a finales del XX, y si no al menos apoyando la celebración del evento.
Pero lo primero sería que la gente conociese un poco la tradición de esta romería y éso es lo que yo voy a tratar de contar, empezando por la celebración que se hacía allá por los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado y que los más mayores del pueblo aún recuerdan, y es su relato lo que os trasmito.
Se celebraba en realidad el primer domingo de octubre, día de la Virgen del Rosario por más señas. Se procesionaba a la Virgen de la Antigua desde la iglesia a la ermita. 
Primero vamos a comentar sobre la talla de la Virgen que como todos sabéis se trata de una escultura hecha en madera en los tiempos románicos, a mí (que no entiendo mucho) me parece como muy pronto de finales del siglo XIII o ya del XIV y es sin duda la más antigua de la iglesia, puede ser esa la razón y no otra, de que la llamemos "la Antigua", y digo esto porque ocurre lo mismo en otros lugares (como por ejemplo hemos visto hace poco en Valladolid con Santa María la Antigua y la Colegiata de Santa María).
En cuanto a la ermita, como ya he contado en otras ocasiones, respondía seguramente a la costumbre de construir a la entrada y salida de los pueblos estos pequeños recintos sagrados para pedir protección cuando uno salía de lugares seguros y habitados que eran ciudades y villas a esos "mundos de Dios" que eran los caminos y otros territorios inhóspitos y deshabitados donde a los caminantes podía ocurrirles de todo. También, naturalmente, estaban en el lugar adecuado para dar las gracias cuando se llegaba a lugar seguro. Fijaos la ubicación en nuestro pueblo: la ermita de San Sebastían en lo que ahora llamamos "los mártires", entrando desde Navalperal por el cordel. La de la Antigua saliendo en dirección al cordel y hacia Hoyos. No sé si todos sabéis que estaba pasada la Retorilla, tras la bifurcación en el camino que va por abajo, hacia la "Carrera de los gallos". 
Volvamos a la celebración, pues como iba relatando, el primer domingo de octubre, por el Andrinal (es decir por mi casa hacia adelante) se llevaba en procesión a la Virgen a la ermita, las porteadoras eran siempre mujeres solteras, es decir las mozas, el resto del pueblo las acompañaba y en todo momento se iba cantando, las canciones eran especiales para la ocasión y había varias todas de tema "mariano", este folklore, se va a acabar perdiendo, pues ya no creo que muchas personas las recuerden, yo por mi parte he tenido la suerte de que Perpe me cante algunas de ellas.
Supongo que se diría misa y se dejaba allí la Virgen para rezarle una novena, transcurrida la cual volvía a llevarse la imagen a la iglesia.
En esta ocasión se bajaba pueblo abajo.
Era costumbre parar frente a las casas desde las que se daba una peseta como limosma y se cantaba allí una salve. El primer lugar donde se paraba era en la Cruz de Palo, allí pagaba la primera "pela" tía Rosa, la madre de Brieva, seguidamente otra salve era para tía Valentina, la suegra de  tía Cata y sin caminar mucho se cantaba la tercera, en esta ocasión era Perpe quién acercaba el donativo de su madre, que vivía en la fuente arriba, y bajaba por el esbarón  a ver la procesión, siempre con un hijo en brazos y al menos otro par de ellos agarrados a sus faldas.
Estoy por asegurar que la siguiente la pagaba mi abuela Águeda, devota donde las hubiera y que vivía un poco más abajo. Así se seguía hasta dejar la Virgen en la iglesia.
No faltaba nadie a la procesión, que eran años de profunda religiosidad.
Poco después llegaron los problemas, el tejado había que repararlo, que había muchas goteras, pero hubo discrepancias, el cura quería traer a un constructor que creo recordar que era hermano de la maestra. Se rumoreaba que entre párroco y profesora había un affair y que esa era la razón de tanto interés por dar la obra a este señor. El alcalde, por contra, prefería a los albañiles del pueblo y que los transportes se hicieran con las yuntas de los parroquianos. Se habían recolectado como donativos 3000 pesetas de las de aquellos tiempos  para sufragar los gastos, pero "se quedaron pa'allá" pues la obra nunca se llevó a cabo.
Cuando el tejado amenazó con venirse abajo aún se hizo la procesión, sin entrar en la ermita. Con algunas nieves de primeros de los sesenta el tejado colapsó, quedándose dentro los altares, hermosos artesonados y otras joyas artísticas que había dentro.
Se dice que algún osado entró tiempo después y se llevó algo de lo que había quedado entre las ruinas.
En mi infancia aún estaban los restos, rodeadas de unos preciosos álamos, alimentando la imaginación de los niños. 
También se nos contaba lo milagrera que había sido esta imagen, que había protegido a los navacepedeños en guerras, pestes, tormentas y otras hecatombes desde tiempos remotos.
Cuando yo tenía once o doce años se hizo la poza del Airón y se llevaron los sillares de la ermita para construirla. Ahí acabó todo, hasta que justo acabando el siglo los devotos se pusieron a trabajar para construir la nueva y recuperar la fiesta.
Habían pasado tantos años que ya los que recordaban tan entrañable festividad "eran entraditos en años". 
Los que quedan piden a los más jóvenes que no pierdan tan bonita tradición. 
Yo como mera transmisora ahí lo dejo... 
Podéis como siempre aportar datos a mi relato. Espero vuestros comentarios😉😊


miércoles, 23 de agosto de 2023

LA PLAZA VIEJA

A propósito de la publicación de una foto de la Plaza Vieja, con la gente bailando y los músicos en el balcón, vuelven a la mente los recuerdos de aquellas primeras fiestas, las de la infancia y adolescencia. No sé cuando se trasladó el baile al camino nuevo, donde está ahora el Ayuntamiento, pero debía tener yo diecisiete o dieciocho años. Allá por 1980.
Hasta entonces bailabamos en la Plaza Vieja, creo que así debería llamarse la actual de España y entonces del Caudillo, que parecía hasta grande.
Estaba sin asfaltar y ponían dos tablones uno en la calle mayor y otro en el callejón que baja para casa de tío Mateo (ahora calle de Ernest Miller Hemingway😉) y a continuación rellenaban con unos carros de tierra, con objeto de agrandarla. Aún recuerdo a tía María Eusebia regando para que no se levantara polvo. La fuente que hay en la esquina, entonces manaba siempre, refrescaba el ambiente.
Una vez puesto el mayo y colgados los banderines quedaba preparada para el bailoteo.
Enseguida llegaba Durí-Durí, el dulcero, con su chiringuito, y los niños acudíamos, como moscas a la miel, a comprarnos cosas maravillosas. En mi primera infancia la cámara de fotos verde de la que salía el gato, y los relojes de patata eran mis favoritos.
Estos últimos los comprábamos antes de hacer la primera comunión, porque para esa ocasión te regalaban tu primer reloj de verdad. Había también unos cucuruchos de caramelo rojo rodeados de galleta que estaban muy buenos. Y los flahs de casa de tía Aurora tenían mucho éxito a pesar de ser únicamente un poco de hielo teñido de colores, naranja, limón, fresa, ummm 😋, así como las bolsas de aceitunas de las que nos bebíamos hasta el caldo.
Después empezaba el baile, a eso de las 21 ó 22 horas. Como la Cenicienta a las 24 se acababa el primer baile, te ibas a casa a cenar y como eras niñ@, tú ya no volvías. Lo que marcaba el paso de la infancia a la adolescencia era el hecho de que te dejaran ir al segundo baile, que solía pasar entre los 12 ó los 14 años, dependiendo de lo espabilada que fueras y de lo moderna que fuera tu madre (la mía lo era mucho para aquella época😉). 
Durante el descanso, todo el mundo a cenar, y era costumbre llevarte a amigos o primos de otros pueblos (que brasa le metíamos a las madres😊). Y bien digo, no es una frase machista, es la realidad de los años 70, en mi casa mi padre si acudía por casa a la hora de la cena era también con algún amigo o amigote😉 a zampar, que no a ayudar.
Yo soy ya de la época de las orquestas, sólo recuerdo que un año vino tio Marcelo con la gaitilla y los más jóvenes además de protestar mucho, no asomamos por la plaza.
Por aquella época los músicos dejaron de tocar en el balcón de tía Aurora y se bajaron abajo. Supongo que  el batería  que se tenía que quedar dentro, en el pasillo, se aburriría.
Todos recordamos ese momento mágico en el que empezaba a sonar la música y tú ibas calle abajo más content@ que unas pascuas, ... El "black is black", lo más de lo más, modernísimo para finales de los setenta. Dios!!! Ya no quiero recordar más por esta noche, que me da mal rollo.😉😊

lunes, 14 de agosto de 2023

SAN JUAN DE AGOSTO Y LOS VERANOS DE NUESTRA VIDA.


El verano, o los veranos de mi vida, duraron poco, pero lo que es seguro es que fueron intensos, como no podía ser de otra manera tratándose de mí, que siempre afirmo ser mujer de emociones fuertes, o todo o nada, a mí las medias tintas nunca me valieron.
Estaréis conmigo en que cuando vemos a las pandillas de adolescentes y jóvenes de hoy, nos vienen a la mente aquellos, lejanos ya, veranos que fueron los nuestros. Los de mí generación nos estrenábamos en el maravilloso mundo de las fiestas de los pueblos, de la noche, del rollo de los adultos, con la música de fondo de los "Rios de Babilonia" de Boney M o el "corazón destrozado" de la Tayler. Y quién sabe si fue ese verano el de nuestra vida o aquel otro en que ya sonaba el "Rock and Rios", en cualquier caso entre uno y otro desparramamos y nos divertimos lo que no está escrito.
Es seguro que cuando nos vamos acercando a la edad innombrable, nos vienen a la mente cada vez más nítidos aquellos recuerdos tan entrañables, nuestros outfit (ya no encuentro la palabra en castellano ¿atuendos?), la música, aquel año o años que nos tocó ser de la comisión de festejos, los concursos de cartas o pasodobles, el baile del farolillo. Teniendo catorce o quince años ganamos Maco y yo, ¡Qué ilusión! Y fijaos, con esa edad nos llevamos de premio ¡un mechero! cada uno 🤦‍♂️🤦‍♂️.
Y off course, cómo no, los primeros amores, las primeras borracheras...
Aquellos amaneceres en la plaza, haciendo planes de lo más descabellados, que no eran ir a darnos un baño a la playa, pero sí podía ser a robar unos pollos y a .... al río🤦‍♂️.
La de paseos que dábamos carretera arriba y abajo en aquellas noches, oliendo a verano, plenos de alegría y juventud, viendo caer las estrellas, cuando ni sabíamos que estábamos por San Lorenzo y que se llamaban perseidas. ¿Se cumplirían nuestros deseos de entonces? ¿Se cumplirán los vuestros?
El ambiente que había en el Pucherillo, éramos tantos. Fuimos, y ahora lo vemos, la generación de baby boom, allá donde íbamos todo se llenaba, bares, plazas o discotecas, por eso años después cuando volví a salir para llevar a mi hija todo me pareció tan... vacío.
Pues como digo siempre, carpe diem, a disfrutar de la vida y del verano mientras se pueda. A aquellos para los que el verano es presente no dejéis escapar nada, vividlo todo intensamente. Y nosotros... bueno, lo que se pueda .😉😘


viernes, 19 de mayo de 2023

BUENOS Y MALOS GOBERNANTES

Haberlos haylos, sin duda. Y Navacepeda no ha tenido mucha suerte en este sentido. Y creo que es una obviedad, no es algo que me parezca a mí, hables con quien hables todos envidiamos lo que vemos a nuestro alrededor. Hoyos y Navarredonda han venido arriba en los últimos cuarenta años, a día de hoy mantienen incluso la escuela y hay trabajo para dar y tomar. Pero es que incluso los pueblos pequeños como Navalperal, Zapardiel y cualquiera de aquí para abajo, tienen una pinta envidiable aunque no viva allí casi gente. Nada que ver con el aspecto ruinoso que tiene el nuestro.
Y lo peor es que además tenemos miedo de que se haga cualquier cosa. Obra o servicio que se hace, se hace mal, sin ningún gusto, ni respeto por la naturaleza o la tradición.

Por poner un ejemplo, me llevan los demonios saber que sí o sí, se van a cargar el maravilloso techo de madera de las escuelas. Parece que como hay una subvención de mucho dinero es absolutamente necesario cargarse dicho techo para construir uno nuevo. Y vamos a ver, ¿Los vecinos qué vamos a sacar de dicha subvención? El dinero será para el costructor, digo yo... ¿No?.
Ya sé, ya sé... Que con un techo de madera no se puede hacer baile, que no te aseguran el evento. Pues yo siento discrepar, pero si no se puede hacer baile allí, se hace en otro sitio, o en una carpa, pero yo jamás me cargaría semejante obra, dejaría el local para teatro u otros eventos.
Ayer limpiaron mi calle, ¿Es necesario de verdad segar además de las malas hierbas, también las flores? Estaban preciosas las clavelinas, como decimos aquí en pueblo, pero hubo que "arramplar" con ellas. Y no es casual, ya llevo años pidiendo que no las sieguen y que no echen herbicidas, pero como quién oye llover...
Es absolutamente necesario que se pongan manos a la obra para sacar el casco histórico de la ruina. Como he dicho en otras ocasiones ya que se ha mantenido,  habría que intentar que se construyera dentro y se fomentase la restauración frente a la demolición, buscando eso sí, beneficios fiscales o subvenciones para mantener en pie los cientos de construcciones de piedra que se mantienen a duras penas. Pero eso es mucho pedir para un consistorio que no da ningún valor a la tradición y lo tradicional o "típico" de nuestro pueblo.
Si hay algo que critican a diario los vecinos, es esa manía de los contratistas de coger obras que empiezan y nunca acaban. Los contratos públicos ¿No deberían tener una fecha de finalización? Que yo sepa en otros municipios se penalizan estos retrasos.
Ya sé, ya sé... Que no hay mano de obra, pues habrá que buscarla donde la haya, hasta donde yo sé la frontera de Melilla está llena de gente deseando que les dejen trabajar.
Si analizamos la situación, todos los hijos, o un 95% de los que fueron cuando yo a la escuela del pueblo, han optado por estudiar y trabajar fuera. ¿O no?
Que la gente no puede venir a Navacepeda porque no hay casas habitables, éso es verdad. También hay cientos de Ayuntamientos en España que han adecuado sus inmuebles para alquilar, y no para "setas", "machos", "casas rurales que no se alquilan"... Con ese superavit que presumen de tener nuestros gobernantes ¿No se puede invertir en adecuación de inmuebles?
Ya sé, ya sé...  Que aquí no se puede venir porque no hay servicios. Pues no es cierto, mis sobrinas han tenido a menos de  media hora desde guarderia a bachillerato. ¿Médico? , creeme, te atienden mucho antes que en Madrid.
Con todo este "cacao maravillao" que acabo de preparar pretendo, como siempre, hacer una crítica constructiva e intentar transmitir ideas (que he sacado de mis muchos años de estudio y lectura) sobre la importancia de mantener lo nuestro hasta donde se pueda, de no imitar, de rehabilitar, de ser sostenible y de respetar la naturaleza 😉

sábado, 29 de abril de 2023

LOS PRIMEROS RECUERDOS DEL UNO DE MAYO

Fácil se me antoja escribir algo al respecto, pues como he comentado en otras ocasiones, los recuerdos más antiguos son los más nítidos, nos vienen a la cabeza de una manera fluída, sin el menor esfuerzo.
En mi caso, y a propósito de la sequía, lo primero que aflora, son tres niñas  pequeñas diciéndole a mi madre que si nos llevaba a rodar el huevo, pero llovía mucho, nos dijo que por la tarde a las eras un rato, pero no dejó de llover en todo el día (increible 55 años después😔) y tuvimos que rodarle y merendar en el "mediocasa" (como llamábamos entonces al pasillo).
Los años sucesivos nos llevaron a Gabi, a mis primas y a mí, ¡Qué emoción! 😜 
Solíamos ir a la fábrica de la luz, llevaba por aquella época dos o tres años deshabitada. A mi padre y a mi tía Benita les encantaba, allí habían pasado sus mejores años y les traía recuerdos maravillosos, todo eran anecdotas y un relato de como había sido su infancia allí.
Para que la gente entienda "la turra" que pego con la regulación de los accesos a Barbellido, nosotros íbamos 6 adultos y 4 niñ@s, disponíamos para ello de un seiscientos que se quedaba en La Puente, porque sólo hasta allí llegaba el asfalto. Desde ahí había camino de tierra, no sería muy malo, porque circulaban los carros y por supuesto el ganado; salvo algún pescador, sólo la gente del pueblo lo transitaba, si nos dicen aquel uno de mayo de 1970 lo que verían nuestros ojos (cientos de vehículos río arriba y abajo... ) ¿Qué hubieramos pensado?
Íbamos a merendar, llevábamos seguro los huevos rojos, las tortillas de patatas y buena chacina... incluído el bútago 😉🤣. No faltaría desde luego la bota de vino para alegrar la tarde.
 Recuerdo recorrer la casa, que había sido de mi abuela (aunque yo aquello no lo había vivido) y bajar a lo que fue la fábrica, con aquellas enormes turbinas, un tablero en la pared con llaves inglesas y un despacho con teléfono (sí, había llegado hasta allí el teléfono), para comunicar las incidendias de la central a Piedrahita.
Para subir a la casa había una escalera de caracol de hierro forjado que tiempo después alguién se llevó, así por la cara, de la noche a la mañana había desaparecido.
Nunca faltaba la visita a la casa de abajo, muy pequeña, donde decían que vivió tía Brígida (abuela de Los Lobos) y bajo cuyo diminuto fregadero, se había escondido tío Cachi, allá por los años de la guerra, cuando vinieron a buscarle para darle el paseo...
Todas estas imágenes y relatos se quedaron en mi memoria para siempre, ahora cuando voy y me siento bajo el nogal un ratín a descansar, todo aflora...
... Mi padre que siempre tenía alguna excusa para no venir a escuela, el pueblo estaba muy lejos, mi tía que salía a ver a tío Laureano cuando eran novios y él bajaba por la tarde de Polvoroso... 
 Después la merienda, aunque yo seguro que no comía mucho, que era una niña muy guta😊. Tras condumio, exploraciones y anécdotas, había que volver, no se nos fuera a hacer denoche antes de llegar a La Puente.
Volvíamos caminando, mi tío con mi hermano a cuestas, ellos bien contentos, por el vinillo, digo yo, haciendo bromas por el camino. El seiscientos nos ayudaba a subir la cuesta a los más peques. 
Al año siguiente los mayores se fueron a ver a mi primo, que estaba en Extremadura con las vacas. Con seis o siete años ya me fuí con las amigas, en esta ocasión al Airón.
De aquel día recuerdo unas cuantas cosas, que hacía sol, que no llevábamos reloj porque le preguntamos varias veces la hora a Candeleda y debimos comernos los bocadillos poco más de las doce.
Años después vendría la verdadera diversión, cuando éramos adolescentes, a las enramadas del Airón, otra vez a la Fábrica, al Batán y al refugio de Navahornillo
Todo eso ya lo contaré más despacio. Aquellos años del franquismo y primeros de la Transición aún no se celebraba el primero de mayo como fiesta de los trabajadores, ni el dos era aún el festivo de la Comunidad de Madrid, esa es la razón por la cual íbamos sólo los del pueblo. Años después con los calendarios autonómicos, comenzaron a venir nuestros amigos madrileños, y ya veis a día de hoy, no nos perdemos un "rodar el huevo" por nada del mundo.
Guardo aventuras y anécdotas para otro momento. Ahora a buscar foto para ilustrar el relato😜.




domingo, 19 de marzo de 2023

LA COMUNIDAD DE REGANTES

¿Qué es la Comunidad de Regantes? ¿De qué voy a hablar en esta entrada?
Pues es que tengo un problemilla con la Acequia Madre, que llamamos también Regadera de Arroyohondo. Pierde ésta gran cantidad de agua por encima de mis callejas de "La Laera", dicha agua empapa el huerto y el bancal se viene abajo, al camino. Ya me avisaron del Ayuntamiento en una ocasión para que me ocupara de que se despejase el paso.
Visto que el problema está en realidad en la Regadera y no en mi huerto, se lo hice así saber al Consistorio, para que se ocuparan de la reparación de la Acequia, y cual sería mi sorpresa cuando me dijeron que no era su competencia, sino de la Comunidad de Regantes ¿Eh?
Y como nadie sabía con certeza a qué Comunidad se referían, he pregutado, y como dicen aquí en el pueblo, los mayores son "quienes me han dado deslinde"😉.
Lo primero que vamos a explicar, y sé que cometeré errores (que espero me corregiréis) es que los huertos y prados que rodean al pueblo, se riegan con agua de dos retenciones diferentes: El Andrinal se riega con el agua que viene desde la Dehesa y desde la Poza del Airón. Toda la zona que está sobre la carretera, desde los Mártires hasta el Puente del Pajarejo, se riega con el agua de la Regadera de Arroyohondo (en lo sucesivo la llamaré Regadera). Como todos sabemos este agua viene desde el Pantano de la Herguijuela, así que comenzaremos a explicar por ahí.
La canalización seguro que existía desde el medievo, pero lo que no había era pantano. Nuestros abuelos se peleaban, en sentido literal, por el agua, con nuestros vecinos de la Hergui.
Allá por 1952/1953, se construyó el pantano, pagado en su totalidad por los regantes de nuestro pueblo, supongo que en ese momento se constituiría la Comunidad de Regantes, o quizás ya existiera y se reorganizó. La cuestión es que los integrantes del Ayuntamiento, acompañados por el secretario, fueron a Ávila a pedir el crédito en nombre de dicha Comunidad.
Cada propietario pagaba según la superficie de los huertos que regaba. Algunos se las veían canutas para juntar el dinero: "va a venir la regadera, a ver con qué la pago yo", decían algunos, los más pobres😔. Se acabó de pagar en los sesenta.
Como expliqué anteriormente había dos procedencias diferentes del agua de riego, la Dehesa y el Pantano. Cuando llegaba el verano, para organizar la distribución de agua existían dos veedores, uno en cada zona. El veedor iba avisando uno tras otro a cada regante. Por la noche, se podía aprovechar el agua para los prados, el veedor iba apuntando en un cuaderno quién se llevaba el agua cada noche.
Cuando acababa la temporada, iba cobrando por las casas, cogía su salario y dejaba una cuantía en un fondo para las posibles reparaciones. 
A finales de los sesenta, los dos veedores se quedaron en uno: el abuelo Pepe, que por esas fechas tenía un montón de muchachos que bien saldrían con el empleo.
Desde más o menos 1973, se marcharon los veedores a Madrid, además de una gran parte de la población del pueblo. La emigración hizo estragos. A día de hoy seguimos pagando las consecuencias.
Para que os hagáis una idea, hace poco me contaron que los niños de la escuela, por los sesenta hicieron un cómputo y había más de 900 habitantes, hoy quedamos unos 130, como mucho. Mi prima me contó que desde  el Pilón del Cantadero a la Iglesia, sólo en esa calle, había más de cincuenta muchach@s. 
Pero no es de despoblación de lo que tratábamos, es de que desde ese momento, dejó de funcionar la Comunidad de Regantes. A partir de entonces, a la hora del riego cada uno avisaba al siguiente, en realidad el que quería regar tenía que "estar al loro" para ver cuando llegaba su turno. No sé si se seguiría cobrando por el riego nocturno de los prados, ni si existía el fondo para reparaciones.
La dicha Comunidad lleva por tanto cincuenta años desaparecida.
Por tanto a día de hoy no hay quién se ocupe del mantenimiento de la Regadera, si te causa problemas "allá películas".
 Ahora resulta que el cambio climático ha venido a traer un nuevo problema, muy gordo, que voy a tratar de explicar.
Actualmente, y por si no os habíais dado cuenta, no nieva apenas, pero es que ni siquiera en Gredos. Los inviernos se van sucediendo sin que se acumule la consabida reserva de agua para el verano que suponía toda la sierra nevada. Actualmente los ríos y gargantas llevan durante el estío un hilín de agua. Cuando la Confederación Hidrográfica del Duero mide el caudal en la estación de aforo de Barco de Ávila y no se llega a un caudal mínimo (cosa que ocurre ya muy amenudo), se prohibe desviar agua del río Tormes y sus afluentes para el riego.
La Regadera sigue corriendo, que yo sepa. Se me ocurre que si la orden ha llegado al Consistorio haya respondido, como suele, que éso es cosa de La Comunidad de Regantes. Es posible que el limbo en el que está el asunto nos haya favorecido, pero dudo que se perpetúe mucho este status quo.
Para el día en que la Confederación eche el cerrojazo al agua habría que estar preparados. Se hará un censo de regantes y se dejará salir agua para los diez o quince huertos que se siembran, previo pago por su uso.
Pero sabemos que la Regadera da vida al pueblo, ya que esa canalización hace que se mantenga vivo el enorme robledal que envuelve al caserío. Fijáos, desde la ermita, miramos y justo por debajo de los canchos del Majal se ve una línea recta que sigue por encima de Las Peñotas y por debajo de La Casa de los Muchachos, bajo dicha línea el robledal es mucho más verde y mucho más espeso. Además todos sabemos que cuando la Regadera corre hasta el final manan todos los manantiales, fuentes o pilones del pueblo. Cuando el agua no pasa se van agotando todos. El pueblo se seca.
Para cuando llegue el momento de cerrojazo al agua, ¿Alguién cree que Confederación va a tener en cuenta estas consideraciones?
Advertidos quedáis, jóvenes, o se intenta responder a esta situación, o seréis vosotros y vuestros hijos quienes veáis a Navacepeda sin árboles ni fuentes.
Mi pretensión no es otra que explicar el problema y hacer reflexionar, abrir la puerta al debate y las ideas.
A nuestros gobernantes les invito a informarse de cómo se ha resuelto el problema en otros pueblos y a escuchar, valorar y no rechazar propuestas o sugerencias. Así como a no lavarse las manos🙏🙏.

        Agua, verde, frescor... "El reportaje fotográfico" (prestado, como siempre, muchas gracias😉) rezuma vida... ¿Qué haremos para que siga así?




domingo, 22 de enero de 2023

EL DIA DE SAN SEBASTÍAN

                Foto que cogí prestada de Facebook

Es veinte de enero, día de San Sebastián, sin lugar a dudas la fiesta más entrañable de Navacepeda, guarda un sabor muy auténtico, y a pesar de que estuvo a punto de desaparecer durante los años más duros de la emigración, en los setenta, ochenta e incluso noventa, si caía entre semana aquí no venía ni el Tato (el padre de la Tata😁😉) y tampoco había mucha gente que tuviera por costumbre venir al pueblo más allá de la Semana Santa y el mes de permiso, como se decía entonces y que eran julio o agosto.
Sea como fuere, la fiesta se mantuvo, y sigue año tras año alegrando la cuesta de enero a los lugareños.
Cierto es, que aunque parece que la mayor parte de las fiestas mayores son en verano, San Juan, San Pedro, Santiago, La Virgen de agosto y Vírgenes y Cristos de septiembre, pues como os decía suele haber en casi todos los pueblos otra función en invierno, los protagonistas suelen ser en este caso mártires o santos con un poco menos de entidad, como es el caso del que creo recordar fue un legionario romano como nuestro Sanse, o los vecinos Blas o Apolonia.
Suele ser también habitual, que estos santos menores, tienen o tuvieron unas ermitas, también llamadas martirios en los caminos por los cuales se salía de los pueblos. Hemos oído siempre que en el paraje llamado los mártires hubo en tiempos pasados una ermita que ya ninguno de nosotros hemos conocido, pero lo que sí recordamos es el crucero que ahora está en el cementerio de la iglesia y que cuando éramos niños estaba allí. El lugar es la salida del pueblo, por la eras, camino de Navalperal, por si queréis algún día ir por allí a excavar 🤔😉.
A los que me acompañaron en la visita por Madrid, les recuerdo que en el lugar donde terminaba entonces Madrid, es decir, arriba de la calle Atocha, estuvo en tiempos la ermita, ahora parroquia, también de San Sebastián.
Y aunque me voy a desviar un poco del tema, voy a aprovechar para relacionar esas ermitas con los cruceros que hay a la salida de muchos de los pueblos gallegos.
Como ya expliqué en alguna otra ocasión esta costumbre cristiana, debió superponerse a otras prácticas precristrianas, en las cuales se marcaría de alguna forma el espacio seguro, conocido, humanizado y protegido por dioses u otros seres del más allá, de ese otro espacio desconocido, peligroso, habitado por bandidos y toda clase de seres del más acá y más allá amenazantes, que llenaban de miedos o incertidumbres al viajero.
Por tanto en estos espacios de culto se rogaba que todo fuera bien cuando alguien se marchaba, o se daban gracias por llegar a lugar seguro cuando se llegaba a pueblo o villa.
Dicho todo esto volvemos a la fiesta tal y como la hemos conocido y dejamos de desvariar.
Nada más pasar San Sebas, se echaban mayordomos para el año siguiente, que creo que en tiempos de nuestras abuelas debían encender la lámpara o hachón que iluminaba al santo todo el año.
Los mayordomos se nombraban según el libro de registro de matrimonios por orden de antigüedad, cuando aún no había comenzado la emigración de los cincuenta del siglo pasado, se solía ser mayordomo cuando tenían el hijo mayor ya en la mili, según los casos, claro. Yo tenía unos veintitantos cuando mis padres lo fueron.

Pero como a los madrileños no les apeteció mucho, en general, venir a cumplir con la costumbre, a mi prima Macarena y a mí que sí lo hicimos, nos tocó pocos años después de habernos casado. He de decir que me alegré muchísimo de haber cumplido con la tradición, sobre todo por la satisfacción que dimos a mi madre y a mi tía.
 
Creo también haber oído que en los tiempos de nuestros abuelos, eran los mayordomos quienes pagaban el baile, y que por tanto no siempre lo había, se tenía que dar el caso que los elegidos ese año tuvieran caudales.
Es que algo parece que me contaron de haber ido a buscar a los músicos, a no recuerdo donde, con un nevazo.
Tampoco debió haber un local para montar la fiesta hasta que se construyeron las casas de los maestros, el Ayuntamiento viejo y el salón, y eso debió suceder por los cincuenta.
La cuestión es que, estamos hablando de enero, debieron bailar por ahí en corrales y casillas, recuerdo también que mi madre me contaba que donde cerraba tío Santiago las ovejas hicieron alguna vez el baile, y que entraba la nieve entre las tejas mientras danzaban al ritmo de la dulzaina, menuda nochecita haría... pero cuando uno es joven, ya pueden venir ventiscas. Perpe dice que también en los portalones del zapatero bailaron, la orquesta desde luego entraba en cualquier recinto en aquellos tiempos.
Volviendo a los mayordomos, lo que sí habían de hacer era poner el santo y decorar la iglesia. Pero nunca hubo ni hay problema, porque se cuenta con el asesoramiento y ayuda de las mujeres del pueblo. Y creo que sabéis que es tradición untar al santo con aguardiente (que creo que en realidad es malísimo para la talla) y después pasarse el pañuelo por el cuello, ya que el santo protege de catarros y gripes, y tengo entendido que también de coronavirus😉🙃...
Llegado el día los mayordomos, sentados en el primer banco y bien aviados presiden la misa, yo lo hice tan bien que incluso subí a leer la epístola (hasta el día de hoy aún mis hermanos no han salido de su asombro).
Se saca al santo en procesión, sólo por detrás de la torre y algunos años con unos hielos que ...¡madre mía!

También era preceptivo que los mayordomos llevaran cuatro mozos solteros para sacar al santo, dos por pareja. Mis hermanos hicieron las funciones cuando mis padres y cuando yo. Tenía alguna foto de los dos momentos 😁, aunque no son muy buenas.
 De los últimos mayordomos que ha habido fueron Fernando y Soraya, no recuerdo qué mozos lo sacarían por ellos😉.
A continuación lo más típico, la rifa del roscón, también era encargado por los mayordomos y la cuantía obtenida iba para pagar la misa, después el comprador solía compartirle con familia o amigos.
La última cosa que voy a contar, en cuanto a costumbres, es que era tradición dar una comilona a la familia. Nosotras tuvimos la suerte de que hizo un día luminoso (claro, no me extraña, el santo lo quiso así🙂😉) y montamos las mesas en el garaje de mi tío Rai. ¡Lo pasamos genial!
Por la noche el baile, en los tiempos históricos, es decir desde que yo recuerdo, fue siempre en el salón del Ayuntamiento viejo, durante mi juventud sonaban los acordes del Padre Mena y de Pinos Boys, tocando el "Bésame mucho" y "Marina, Marina, Marina, contigo me quiero casar"🎶🎶🎶🎶🎵, canciones que ya eran de otras décadas pero que nos valían para desbarrar un rato.
Lo malo que como no había barra de bar había que ir a tomar el cubata a casa de Tía Aurora, pasando a oscuras por los chapiteles (aquí la palabra significa barrizal) que se preparaban por el trigalón🥴. Creo que de eso nos acordamos todos.
Bueno lo dejo por hoy, me vais recordando cosas y lo cuento al año que viene.
Otra cosa, invitar desde aquí a ser mayordomos/as... ahora ya da igual el estado civil, que se sea pareja o no, si un@ se casó o no, el lugar de la ceremonia... el caso es participar😉.

Ésta (aunque no lo parezca), soy yo mientras  Andrés y mi padre rifaban el roscón cuando fueron ellos mayordomos.