domingo, 21 de septiembre de 2025

EL PUCHERILLO

Llevo tiempo queriendo plasmar mis recuerdos de tan emblemático bar, me daba pereza escribir. Después de un verano dedicado a la lectura, doy una vuelta a la memoria y me pongo a ello.
Sin comprobar datos, creo que sería por 1970 cuando se inauguró el llamado bar "Sierra de Gredos", no voy a demorarme en la leyenda que le ha dado el nombre alternativo de "Pucherillo" ya que todos la conocemos sobradamente, esta vez vamos a desempolvar otros recuerdos. 
Poneos en contexto,  porque ahora la gente opina que la construcción en sí es un mamotreto, demasiado grande y discordante con el resto de edificaciones del pueblo.


 Pensad, como os decía, lo que nos debió parecer a los navacepedeños de entonces un edificio de apartamentos nuevos, como las casas de Madrid, signo de modernidad y de que el progreso por fin llegaba a nuestro pueblo.
 
Había por aquel entonces un buen  puñado de casas viejas, algunas con fachadas de piedra, con sillares regulares en los esquinazos las mejor dotadas, pero muchas de ellas de mampostería sin argamasa o incluso de adobes.  Las casillas de piedra basta, sin tallar y con su correspondiente muladar a la puerta, en fin... aún podéis verlas casi todas ya en estado de ruina, ojalá finalmente se conservasen, aunque tendría que ocurrir que sus actuales propietarios comenzaran a valorar su originalidad. Teníamos también las calles sin asfaltar, verdaderos barrizales cuando llovía y  ni os cuento cuando nevaba, ¡vaya esbaruzaderos! Relato todo esto para que penséis que en aquel momento un edificio como el Puchero debió parecernos espectacular, algo así como el paso de blanco y negro de nuestra infancia al color de nuestra juventud:


Lo primero que acude a mis recuerdos es el hecho de que yo estuve en la inauguración, me subieron mi padre y mi madre, después de dejar a Gaby que era muy pequeño con mi abuela (esto me lo acabo de inventar). El bar era enorme, luminoso, todo nuevo, nada que ver con las tres tabernas que había entonces en Navacepeda. Nos invitaron a lo que quisiéramos, me dieron un zumo y mi madre me dijo que había bollos, que si quería un suizo, pero yo no sabía qué era eso.
Debía andar por los 6 años y no recuerdo nada más hasta la adolescencia. 
 
Con once o doce años merodeábamos por allí fuera en verano, pasábamos horas en la barandilla, que estaba pintada de blanco y verde, y desde ahí escuchábamos las canciones de la máquina de discos, azul por más señas, y veíamos entrar a los jóvenes, tan guapos, con sus pantalones de campana, nikis ajustados con cuellos enormes de pico o pato, zapatos con plataforma y el jersey sobre los hombros porque luego refrescaba mucho; me encantaban sus melenas tan características,  los chicos habían empezado a dejársela a primeros de  los setenta y eso sí que era otro signo de modernidad.
Sonaba "Europa" de Santana casi en bucle, "Corazón gitano" de Nícola di Bari, "I love to love" de Tina Charles, "Te estoy amando locamente" de las Grecas, quizás me recordaréis más temazos vosotros...
No duró mucho esa máquina de discos, con el tiempo tendríamos billar, máquina de petacos, de marcianos y el incombustible futbolín que permanece impasible al paso del tiempo.
 
La casa de tía Brígida y tío Claudio estaba sin hacer por dentro, y de vez en cuando había allí baile, yo no entré nunca porque era muy pequeña, seguro que con buenas ganas me quedaría.
Como el invierno aquí era tan duro enseguida, con trece o catorce años comenzamos a entrar dentro mis amigas y yo. Solíamos jugar a las cartas para pasar las tardes de domingo, al chinchón las más de las veces.
Para Navidades llegaban los de Madrid, menos efectivos que en verano y Semana Santa,  pero como somos la generación del baby boom los suficientes para que hubiera un ambientazo. Venía un taxi de Hoyos, era una enorme furgoneta y se llevaba a los mayores a Navarredonda en Nochebuena y Nochevieja y nosotras nos quedábamos con la boca abierta viendo como se iban.
Pronto espabilamos y con catorce años o poco más ya íbamos también de fiesta, tanto en verano a los pueblos como en invierno a la discoteca.
 
El Puchero era el centro de operaciones, allí había que buscar coche para ir, nos sentábamos en la ventana a abordar al que saliera. Yo con el tiempo me fui quedando a esperar a que Quini y Jose cerraran el bar y me iba con ellos. Marchábamos los últimos y solíamos volver también al cierre, pero yo siempre jugaba con la ventaja de que no madrugaba al día siguiente. ¡Nunca tenía prisa! Ahora muchas veces, recordando nuestra juventud , algunas chicas me cuentan que ellas a las diez tenían que estar en casa y yo tengo la sensación de haber vivido en otra época o en otro planeta.

Aventuras y ratos de risas tendría para llenar un libro, algunas no son ni pa' contadas, como se dice aquí en el pueblo. No quiero dejar de recordar que los años que pasaron entre 1978 y 1991 los comencé tomando las uvas en el Puchero. Dejábamos a la familia con tantas y muchos de nosotros esperábamos allí al año nuevo cual Puerta del Sol.
Tampoco he contado que todo el verano alquilaban los apartamentos a familias que venían de Madrid y ya no tenían casa en el pueblo. Con el tiempo se fueron alquilando todo el año y pasaron por  ahí médicos, guardas, grupos de gente que venían los fines de semana, etc. Entre ellos tuvimos buenos amigos 😉.
En alguna ocasión se hizo el baile de San Sebastián, una noche éramos tantos y temblaba tanto el suelo que tuvimos miedo de caer al piso de abajo y acabar entre las vacas.
quién no recuerda al padre Mena tocando "Bésame mucho", bestial... 
 
También era  muy especial el martes de carnaval, había cena intergeneracional, solteros del pueblo entre 15 y taitantos años. Entonces no faltaba nadie, recuerdo entrar a cenar a las 8 o las 9 de la tarde y salir a las tantas con un nevazo hasta las rodillas, por cierto sirvan estas palabras de homenaje al cabrito que guisaba tía Brígida, de diez.
Muchos años después, esto ya me pilló a mi casada, comenzó a celebrarse la famosa fiesta del Puchero en la semana previa a San Juan de agosto, fiesta que ha dado también mucho juego.
El Puchero fue siempre el bar de la juventud, los recuerdos no dejan de salir de los cajones de mi cerebro ☺️, al hilo de los míos saldrán los vuestros. Si me contáis sigo escribiendo...😉