lunes, 13 de noviembre de 2023

LA VIRGEN DE LA ANTIGUA

Me cuentan que de unos años a esta parte a la fiesta de la Virgen de la Antigua, que se viene celebrando desde hace poco más de veinte años por la Virgen de agosto, no acude mucha gente de tal forma que peligra la procesión por falta de jóvenes que puedan llevar las andas. Y cuando ya se pensaba el agosto pasado en llevar a la imagen en algún vehículo mecanizado, se hizo una llamada "in extremis" y parece que hubo una buena  respuesta y se llevó a Nuestra Señora "en volandas".
El problema es el relevo generacional, y los más mayores animan a que la gente de NVCPD colabore, si es posible haciéndose cofrades (10 euros anuales), pues ya faltan muchos de aquellos que se afiliaron a finales del XX, y si no al menos apoyando la celebración del evento.
Pero lo primero sería que la gente conociese un poco la tradición de esta romería y éso es lo que yo voy a tratar de contar, empezando por la celebración que se hacía allá por los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado y que los más mayores del pueblo aún recuerdan, y es su relato lo que os trasmito.
Se celebraba en realidad el primer domingo de octubre, día de la Virgen del Rosario por más señas. Se procesionaba a la Virgen de la Antigua desde la iglesia a la ermita. 
Primero vamos a comentar sobre la talla de la Virgen que como todos sabéis se trata de una escultura hecha en madera en los tiempos románicos, a mí (que no entiendo mucho) me parece como muy pronto de finales del siglo XIII o ya del XIV y es sin duda la más antigua de la iglesia, puede ser esa la razón y no otra, de que la llamemos "la Antigua", y digo esto porque ocurre lo mismo en otros lugares (como por ejemplo hemos visto hace poco en Valladolid con Santa María la Antigua y la Colegiata de Santa María).
En cuanto a la ermita, como ya he contado en otras ocasiones, respondía seguramente a la costumbre de construir a la entrada y salida de los pueblos estos pequeños recintos sagrados para pedir protección cuando uno salía de lugares seguros y habitados que eran ciudades y villas a esos "mundos de Dios" que eran los caminos y otros territorios inhóspitos y deshabitados donde a los caminantes podía ocurrirles de todo. También, naturalmente, estaban en el lugar adecuado para dar las gracias cuando se llegaba a lugar seguro. Fijaos la ubicación en nuestro pueblo: la ermita de San Sebastían en lo que ahora llamamos "los mártires", entrando desde Navalperal por el cordel. La de la Antigua saliendo en dirección al cordel y hacia Hoyos. No sé si todos sabéis que estaba pasada la Retorilla, tras la bifurcación en el camino que va por abajo, hacia la "Carrera de los gallos". 
Volvamos a la celebración, pues como iba relatando, el primer domingo de octubre, por el Andrinal (es decir por mi casa hacia adelante) se llevaba en procesión a la Virgen a la ermita, las porteadoras eran siempre mujeres solteras, es decir las mozas, el resto del pueblo las acompañaba y en todo momento se iba cantando, las canciones eran especiales para la ocasión y había varias todas de tema "mariano", este folklore, se va a acabar perdiendo, pues ya no creo que muchas personas las recuerden, yo por mi parte he tenido la suerte de que Perpe me cante algunas de ellas.
Supongo que se diría misa y se dejaba allí la Virgen para rezarle una novena, transcurrida la cual volvía a llevarse la imagen a la iglesia.
En esta ocasión se bajaba pueblo abajo.
Era costumbre parar frente a las casas desde las que se daba una peseta como limosma y se cantaba allí una salve. El primer lugar donde se paraba era en la Cruz de Palo, allí pagaba la primera "pela" tía Rosa, la madre de Brieva, seguidamente otra salve era para tía Valentina, la suegra de  tía Cata y sin caminar mucho se cantaba la tercera, en esta ocasión era Perpe quién acercaba el donativo de su madre, que vivía en la fuente arriba, y bajaba por el esbarón  a ver la procesión, siempre con un hijo en brazos y al menos otro par de ellos agarrados a sus faldas.
Estoy por asegurar que la siguiente la pagaba mi abuela Águeda, devota donde las hubiera y que vivía un poco más abajo. Así se seguía hasta dejar la Virgen en la iglesia.
No faltaba nadie a la procesión, que eran años de profunda religiosidad.
Poco después llegaron los problemas, el tejado había que repararlo, que había muchas goteras, pero hubo discrepancias, el cura quería traer a un constructor que creo recordar que era hermano de la maestra. Se rumoreaba que entre párroco y profesora había un affair y que esa era la razón de tanto interés por dar la obra a este señor. El alcalde, por contra, prefería a los albañiles del pueblo y que los transportes se hicieran con las yuntas de los parroquianos. Se habían recolectado como donativos 3000 pesetas de las de aquellos tiempos  para sufragar los gastos, pero "se quedaron pa'allá" pues la obra nunca se llevó a cabo.
Cuando el tejado amenazó con venirse abajo aún se hizo la procesión, sin entrar en la ermita. Con algunas nieves de primeros de los sesenta el tejado colapsó, quedándose dentro los altares, hermosos artesonados y otras joyas artísticas que había dentro.
Se dice que algún osado entró tiempo después y se llevó algo de lo que había quedado entre las ruinas.
En mi infancia aún estaban los restos, rodeadas de unos preciosos álamos, alimentando la imaginación de los niños. 
También se nos contaba lo milagrera que había sido esta imagen, que había protegido a los navacepedeños en guerras, pestes, tormentas y otras hecatombes desde tiempos remotos.
Cuando yo tenía once o doce años se hizo la poza del Airón y se llevaron los sillares de la ermita para construirla. Ahí acabó todo, hasta que justo acabando el siglo los devotos se pusieron a trabajar para construir la nueva y recuperar la fiesta.
Habían pasado tantos años que ya los que recordaban tan entrañable festividad "eran entraditos en años". 
Los que quedan piden a los más jóvenes que no pierdan tan bonita tradición. 
Yo como mera transmisora ahí lo dejo... 
Podéis como siempre aportar datos a mi relato. Espero vuestros comentarios😉😊